¿Podrá el gobierno de Solís calmar la sed de Guanacaste?

¿Podrá el gobierno de Solís calmar la sed de Guanacaste?

Por Bernardo Montes de Oca

  • Un ambicioso plan promete darle agua a la provincia pero solo tiene el 44% de su presupuesto asegurado. ¿Se llenarán los tanques antes de que acabe esta Administración?

 

María Rosa Angulo avanza sobre un camino de tierra mientras admira la magnitud de cientos de tubos de seis metros de largo, apilados sobre una planicie de zacate, en Lorena de Santa Cruz. Hace 16 años, ella misma detuvo el proyecto que utilizaría estos tubos para llevar agua del acuífero Nimboyores al ahora hotel Reserva Conchal.

A pocos metros de aquí, una estructura de concreto parecida a una caseta de guarda parece cuidar el acceso al acuífero, uno de los más atractivos de la provincia por la cantidad de agua de la que todavía goza, pero también uno de los más defendidos por los pobladores de la zona.

El proyecto para la explotación de Nimboyores resurgirá este año como parte del Programa Integral de Abastecimiento de Agua para Guanacaste – Pacífico Norte (PIAAG), un ambicioso plan de la Administración Solís Rivera que pretende despertar los proyectos que han estado dormidos durante años para garantizar el acceso al agua a industrias y humanos, pero que apenas cuenta con el 44% del presupuesto necesario para garantizar todos sus proyectos.

Un equipo de La Voz de Guanacaste y el proyecto periodístico Punto y Aparte comprobó que varios de los proyectos propuestos por el PIAAG ya habían fracasado en las administraciones anteriores y que, aunque en este Gobierno ha avanzado en diseño y ejecución, aun no se sabe de donde saldrá el 56% del dinero necesario para concretar el programa completo.

Pero el programa no solo es grande en dinero sino también en embrollos, pues abarca 52 proyectos agrupados en cuatro ejes y la participación de 14 instituciones diferentes negociando su futuro.

Aunque en general el avance del programa es una buena noticia, a Angulo le preocupa que la sed de su pueblo vuelva a ser una excusa para sobreexplotar los recursos que tanto han defendido.

“El acuífero no se puede tocar si no hay interés de protegerlo”, argumenta ella, quien todavía es presidenta de la Asociación Administrativa de Acueductos y Servicios Sanitarios (ASADA) del lugar.

Su preocupación tiene fundamento. El cambio climático, la sequía, el aumento en la población, las industrias que demandan cada vez más agua y la falta de control sobre los acuíferos han causado estragos en el recurso hídrico de la provincia y eso lo reconoce hasta el Gobierno.

En parte, esa es la razón por la cual lanzó el PIAAG, retomando algunos de los planes fallidos del primer programa de agua para Guanacaste, creado en la segunda administración de Óscar Arias Sánchez.

Ambición de cristal

María Rosa Angulo no es la única preocupada por el avance del PIAAG. Desde sus trincheras, especialistas, ganaderos, agricultores y pobladores tienen sus dudas.

La primera de ellas es de dónde va a salir el dinero. Presupuesto en mano, se puede observar que $500 millones (₡272.000 millones) ya están asegurados o en trámite y otros $620 millones (₡336.000 millones), necesarios para tres megaproyectos, no está disponible ni se sabe con certeza cómo llegará a ser una realidad.

Para dimensionar la cantidad del dinero faltante, piense que con esa cifra se construiría ocho veces la ruta Cañas Liberia, que costó $130 millones de dólares (₡7.000 millones).

Hasta hoy, el programa tiene un 35% de avance en general. La mayoría de los proyectos que se han completado le dan agua en cisternas a las comunidades necesitadas y capacitan a la gente sobre el consumo responsable.

Los que faltan están pensados a largo plazo y esa es otra vicisitud: once de los proyectos están ideados para terminarse en el 2020, dos en el 2021, y tres todavía no tienen fecha de finalización. Es decir, todos estos quedarán en manos de otros presidentes ejecutivos y jerarcas.

Recolección de intentos pasados (y fallidos)

“Hay gente que jala agua de kilómetros. Ha sido una problemática de años”. Ulises Rodríguez está acostumbrado a la sequía. Todos los días sale de su casa en el pequeño pueblo de Bejuco de Santa Cruz y se trepa en una delgada escalera de madera, abre la tapa de un tanque negro y revisa el nivel de agua. Un cisterna que viene todos los miércoles llena este tanque, la única fuente de agua potable que tiene para abastecer a su pueblo cuando golpea la sequía.

“Nosotros necesitábamos un pozo desde el 2001. Hasta hace tres meses nos lo dieron. Ahora nos faltan la bomba y las tuberías”, cuenta, mientras abre una pequeña llave plástica, para llenar palanganas de cualquiera de las 27 casas del pueblo. Él sabe que, con la caída de las lluvias, se alivia momentáneamente la necesidad, pues el agua llovida alimenta los mantos acuíferos, pero eso es sólo por unos meses. Al llegar la próxima época seca, la falta de agua podría ser peor.

Las predicciones actuales del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) estiman que es prácticamente certero que habrá más temperaturas altas en el planeta, conforme la atmósfera se caliente.

El problema del agua es un viejo conocido para pobladores y gobiernos. Los intentos de ayuda también lo son. Ya la Administración Arias Sánchez había reconocido el problema en el fallido Plan de Abastecimiento de Agua y Gestión Integrada de las Aguas residuales para Guanacaste (PAAG), en el 2008.

El programa original pretendía mejorar la gestión de los acuíferos para atender la sobreexplotación de pozos y su salinización. Incluía la obtención de agua potable a través de agua salada e impulsaba la construcción de megaproyectos como embalses. Si suena muy parecido al actual, es porque en efecto lo es.

¿Qué pasó con esos proyectos?

“En los últimos 25 años, lo único que ha habido son intentos, no ha habido una obra sustantiva importante de desarrollo de infraestructura”, sentencia el ahora ministro de Ambiente y Energía, Édgar Gutiérrez Espeleta.

Los intentos pasados, según el jerarca, venían encaminados y chocaron contra una pared por no contar con presupuesto o tener un diseño listo.

Este es el tanque de Bejuco de Santa Cruz. De él depende toda la comunidad y sólo se llena una vez la semana.

¿Y por qué ahora sí tendrían éxito?

Para Gutiérrez, el dinero que ya está asegurado y el compromiso del personal que seguirá trabajando dentro de las instituciones es determinante para asegurarle continuidad al programa.

El encargado de la Secretaría Técnica del PIAAG, José Miguel Zeledón, habla con seguridad de los proyectos que ya están en ejecución para ejemplificar cómo ahora sí hay camino avanzado. Habla del “esfuerzo” para suministrar agua potable a las comunidades y de las mejoras realizadas en los acueductos de Liberia, Varillal, Moracia y Copal de Nicoya y Pilangosta de Hojancha, todos finalizados o cercanos a ello.

Zeledón, quien ha trabajado 28 años en la Dirección de Aguas y ha sido su director por 18 de estos, vio muchos proyectos venirse abajo y cree que en este caso, la segunda es la vencida, pues las instituciones ya están comprometidas financieramente y el diseño camina.

La clave está en que los proyectos sean bancables (un proyecto con diseño y presupuesto listos), pues con eso asegurado, las posibilidades de fracaso disminuyen. Por eso, Zeledón dice que la meta es bancarizar los proyectos antes del 2018.

Con él coincide Yamileth Astorga, presidenta ejecutiva del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA), una de las instituciones clave del programa.

“Todos los proyectos que están a cargo del AyA tienen el presupuesto asegurado. Así es más difícil que los cancelen”, dice.

Un mal necesario

Incluso los proyectos que ya están asegurados pueden sufrir cambios presupuestarios, dependiendo de las necesidades de los pueblos. Por ejemplo, la institución ha modificado varias veces su presupuesto para saciar, con camiones cisterna, la escasez de agua.

Los cisterna, coinciden ella y Gutiérrez, son un mal necesario, pero ese gasto es insostenible: desde febrero del 2015, la inversión en distribución con cisternas pasó de ‎₡60 millones a ‎₡200 millones.

“No es sostenible pero no podemos dejar a la gente sin agua”, se alza de hombros la jerarca del AyA.

“Si hay algo caro es llevar agua en cisternas a las comunidades, eso es caro”, dice también el ministro del Minae, Édgar Gutiérrez. “La clase política tiene que tomar conciencia de que esta es una inversión que es necesaria”, agrega.

Se refiere a la Asamblea Legislativa ya que de esta depende que se aprueben grandes proyectos como el embalse Río Piedras y el proyecto de la nueva Ley de Recurso Hídrico, ambos determinantes para el suministro de agua no sólo en Guanacaste sino en el país.

Grandes proyectos, grandes ilusiones

El ganadero Luis Antonio Contreras pasó de tener 200 cabezas de ganado ovino a 80 y el ganado vacuno bajó de 33 a 15 durante la última sequía. En una industria de alto consumo hídrico, el empresario terminó por vender todo el ganado.

La actividad ganadera necesita hasta 70 litros por cabeza por día. Junto con la agricultura, es la industria que más consume agua.

A diferencia de los pueblos, las necesidades de los ganaderos no se solucionan a punta de camiones cisterna (que solo suministran agua potable). Para dar a basto con la demanda de un sector como este, el PIAAG incluye un eje completo de siete proyectos destinados a lo que sus creadores llaman la “seguridad alimentaria”.

Uno de los más importantes es el Sistema de abastecimiento de la cuenca media del río Tempisque y comunidades costeras, conocido como el proyecto Río Piedras, que cuenta con un presupuesto estimado de $500 millones, por  el que el Estado tendría que endeudarse.

Río Piedras es la fiel representación de las grietas viejas que hoy arrastra el PIAAG. Su concepto existe desde antes de que se hablara de cambio climático en Guanacaste.

La sequía es un negocio: durante los meses de lluvia los grandes ganaderos conservan heno en paquetes para su posible venta en la sequía, a precios elevados, afirma el presidente de la Cámara de Ganaderos de Liberia, Hernán Rivas.

En 1976 se diseñó como un embalse que recogería el agua que ahora se desperdicia de la producción de energía hidroeléctrica de la represa Arenal. Así lo recuerda el director de ingeniería del Servicio Nacional de Aguas Subterráneas, Riego y Avenamiento (SENARA), Marvin Coto.

Unos 500 millones de litros de agua al año se van por un canal al mar, cuando podrían ser aprovechados para riego (algo que se hace actualmente con la otra mitad del agua que sale de la represa hidroeléctrica). Con el nuevo proyecto, un embalse de 90 mil millones de litros, se canalizaría el agua para utilizarla en toda la margen derecha del Río Tempisque, beneficiando a Liberia, Carrillo, Santa Cruz, Bagaces y Nicoya.

El proyecto también se retomó en el 2008, con el programa de agua para Guanacaste original, pero el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), que era el responsable de la construcción, encontró irregularidades en el diseño y paralizó la construcción. Al haber utilizado fondos no reembolsables, se perdió la inversión, estimada en $15 millones en ese entonces.

Hoy, el Gobierno corre para asegurar que este proyecto por fin se realice y aporte 20 mil litros por segundo (L/s). De estos, 83% irían para atender 18 mil hectáreas, 7% irían para apoyar la parte turística y 10% para consumo humano (considerando el crecimiento poblacional hasta el 2040).

Sin embargo, el único dinero que está asegurado es el que se destinará a estudios y diseños, no a su construcción.

“Esta vez nosotros estamos invirtiendo (el Minae) ₡1.000 millones, el MAG está aportando de su presupuesto ₡1.400 millones para el otro año y el SENARA aportó ₡200 millones para garantizar que el proyecto esté bancable antes del 2018″, explica el director de Aguas, José Miguel Zeledón.

Pero todavía hay retos en el camino. Además de que su presupuesto aún no está asegurado, para que el embalse Río Piedras llegue a ser una realidad es necesario obtener el terreno de inundación. Para ello, se tienen que expropiar alrededor de 1.350 hectáreas de 24 propietarios.

El problema es que más de 100 de esas hectáreas pertenecen al refugio silvestre de Lomas de Barbudal. Como son áreas protegidas, el ICE y la Organización de Estudios Tropicales (OET) están efectuando dos estudios ambientales y ecológicos.

“El gran temor nuestro es la apertura de portillos (legales) para explotaciones futuras. Hoy es el agua en Guanacaste, mañana será la minería u otro proyecto”, se preocupa el especialista de la OET, Mahmood Sassa. La organización entregará el estudio en diciembre de este año.

Desde la propuesta del 2008, el impacto en el refugio Barbudal está registrado. En el documento de marco conceptual del proyecto, provisto por SENARA, se estima que en total serían 150 hectáreas protegidas las que se inunden.

El siguiente obstáculo es político. “Rio Piedras no va si la Asamblea Legislativa no aprueba la compensación del refugio silvestre de Barbudal”, explicó Édgar Gutiérrez. Esa compensación consiste en “reponer” el daño ecológico causado.

Agro en vilo

La ganadería tiene uno de los consumos más altos de agua en la región.

Si usted visita Guanacaste en este momento, la sequía no se palpa, pero eso no significa que ya ha pasado lo peor.

En el paisaje, eso sí, faltan las cabezas de ganado perdidas durante esa época. Los agricultores y ganaderos claman por algo que suavice el impacto de una próxima sequía. El PIAAG también promete un trasvase en el río Liberia que tomaría las aguas de la vertiente Norte para distribuirlas en los ríos Salto, Liberia y Quebrada Santa Inés. Un trasvase es una estructura que canaliza agua a través de tubería y tanques de un lugar a otro, para aumentar la cantidad de agua en una zona necesitada. Este sería, después del embalse Río Piedras, el segundo megaproyecto del programa.

A su vez, estos ríos darían 750 litros por segundo de agua para el riego de al menos 1.425 hectáreas de pasto de corte, un pasto utilizado para el ganado, y el suministro de agua en abrevaderos para más de 20.000 cabezas de ganado.

Otro embalse, llamado Las Loras, se suma a la lista de los tres megaproyectos soñados desde hace 30 años, pero sin presupuesto. Este  almacenaría agua en la época lluviosa para usarse en la época seca en el riego de 1.500 hectáreas.

Entre estos tres megaproyectos, el presupuesto es millonario. Para diseño, suman $7,45 millones, de los cuales faltan $4,8 millones. Para la construcción el presupuesto es de $620 millones, que no se han conseguido.

Luis Guillermo Solís dijo en uno de sus tantos discursos en su gira por Guanacaste que el agua tiene que alcanzar para la gente, pero también para el comercio.

En Bejuco de Santa Cruz, Ulises Rodríguez espera que ese balance se logre. Él sabe que todos los miércoles llegará el tanque cisterna a rellenar sus baldes, pero también sabe que el futuro del agua en su comunidad está en manos de un puñado de instituciones y políticos de turno que no han vivido, como él, en carne propia, las consecuencias reales de la sequía.

Proyecto publicado

http://www.vozdeguanacaste.com/static/agua-guanacaste/

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