“Doña XXX me preocupa mucho ver cómo sus raíces de amargura está afectando y torciendo su labor como informadora. Con mucho gusto le puedo ayudar a buscar ayuda profesional para que le vean ese problema y pueda superarlo. Yo le pago la primer cita”.
Este es solo uno de los comentarios que le escribieron a una periodista costarricense en una de las redes sociales, pero también se encuentran otros más agresivos en esta cuenta o en la de otras reporteras.
El ataque a las periodistas, especialmente en las redes sociales, ha venido creciendo en los últimos años. Se les desacredita por su edad: “mirá chamaca”, o por su físico: vieja gorda, fea, flaca, roquita… las califican de ignorantes o tontas, o les dicen que mejor se vayan “a cocinar” o “cuidar a los guilas”.
La violencia digital y los discursos de odio hacia las mujeres periodistas ocurre en todo el mundo. Según el informe “Violencia en línea contra las mujeres periodistas:Instantánea mundial de la incidencia y las repercusiones”, documento resultado de una encuesta mundial realizada por la Unesco y el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ) a finales de 2021, el 73% de las mujeres encuestadas dijo haber sufrido violencia en línea. El 41% de las encuestadas dijo que había sido objeto de agresiones en línea que parecían estar relacionadas con campañas de desinformación planificadas.
Desde entonces la situación ha empeorado. Según declaró la directora de investigación del Centro Internacional para Periodistas (ICFJ), Julie Posetti, en el Festival Internacional de Periodismo celebrado en Perugia, Italia, en abril del 2024, las mujeres periodistas se enfrentan a amenazas “mayores” y “en aumento” en Internet en el ejercicio de su profesión.
Pero, la violencia digital y los discursos de odio no se dan únicamente en los comentarios de las redes sociales. Se publican imágenes, videos, audios, generadas por medio de inteligencia artificial de modo que parezcan auténticos con el fin de desacreditar a las periodistas, se distribuye información personal y confidencial sin su autorización o se les acosa en línea. La tecnología permite crear múltiples técnicas o sistemas para atacar virtualmente y dañar a una persona.
“Las mujeres nos vemos expuestas a muchos tipos de violencia, con el agravante de que ahora la violencia se ha trasladado del espacio físico al espacio virtual, sin que por eso desaparezca del espacio físico”, explicó Ana Karen Cortés, abogada, cofundadora de la Agencia Latinoamericana de Tecnologías ALT y consultora internacional en violencia de género en Internet y protección de datos personales.
Cortés destacó que el espacio virtual tiene, en este caso, el inconveniente de que lo que se publique sobre alguien se puede viralizar muy rápido y es muy difícil eliminar los contenidos.
Según la definición de Dubravka Šimonović, especialista en políticas de igualdad entre hombres y mujeres y derechos humanos, la violencia de género digital es “todo acto de violencia por razón de género contra las mujeres cometido, con la asistencia, en parte o en su totalidad, del uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), o agravado por este, como los teléfonos móviles y los teléfonos inteligentes, Internet, plataformas de medios sociales o correo electrónico, dirigida contra una mujer porque es mujer o que la afecta en forma desproporcionada”.
Naciones Unidas define el discurso de odio como "cualquier tipo de comunicación ya sea oral o escrita, —o también comportamiento—, que ataca o utiliza un lenguaje peyorativo o discriminatorio en referencia a una persona o grupo en función de lo que son, en otras palabras, basándose en su religión, etnia, nacionalidad, raza, color, ascendencia, género u otras formas de identidad".
La violencia digital y los discursos de odio tiene muchas consecuencias en las mujeres periodistas, por ejemplo, efectos en la salud mental y la autocensura. Así lo reveló la encuesta realizada por la Unesco y el ICFJ.
“Las mujeres afectadas por la violencia de género digital a menudo internalizan la culpa, responsabilizándose por acciones que podrían haber desencadenado la violencia”, destacó Ana Karen Cortés.
Según el estudio realizado por ONU Mujeres, en 15 países de la región (Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Cuba, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Uruguay y Venezuela) y publicado en el 2022, todas las entrevistadas manifestaron que la violencia en línea tuvo impactos en su participación en la conversación pública. El 80% limitó su participación en las redes, el 40% se autocensuró evitando escribir o hablar sobre temas relevantes en su medio o ámbito, el 33% cambió de puesto laboral y el 25% vivió el despido o la no renovación del contrato, con un 50% temiendo perderlo. También, el 80% dijo que temió o teme por su integridad física y hasta por su vida.
El estudio además observó “una retractación de las comunicadoras y periodistas en las redes sociales en los casos examinados, lo que conlleva la ausencia de diversidad de perspectivas que nutren la libertad de expresión y la democracia”.

