
Capítulo 7:
Discursos de odio y periodismo: ¿Qué hacer?
"La libertad de buscar, recibir y difundir información e ideas es en sí misma una herramienta para desarraigar los prejuicios”, Relatoría Especial para la Libertad de Expresión (RELE).
Un fantasma recorre el mundo: el fantasma del odio, materializado en discursos y validado por gobernantes y élites de poder, adoptado por distintas capas de la sociedad civil y dirigido, sobre todo, contra los sectores más vulnerables.
Hoy, enfrentar este fantasma (casi un jinete apocalíptico) es uno de los mayores retos democráticos a los cuales se enfrenta el periodismo contemporáneo. En un ecosistema digital saturado de algoritmos que crea burbujas y premia la polarización, la labor del reporteo va más allá de la mera transmisión de hechos: el ejercicio del periodismo exige una postura activa y ética para neutralizar las narrativas que deshumanizan, ante todo, a las minorías.
Los periodistas debemos dejar algo claro: el combate contra el odio no implica censura, tal como argumentan sus predicadores; por el contrario, es una elevación de los estándares profesionales. La libertad de expresión no es refugio para los discursos de odio.
En esa línea, la libertad de prensa es, fundamentalmente, un contrapeso social contra la discriminación. Así lo señala el informe Discursos de odio en la Convención Americana sobre Derechos Humanos de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la Organización de los Estados Americanos (OEA): "La libertad de buscar, recibir y difundir información e ideas es en sí misma una herramienta para desarraigar los prejuicios”.
Por ello, la persona periodista no puede ser un testigo pasivo. Al respecto, el Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos (LEDA) apunta que es indispensable “promover la expansión de conceptos para una práctica libre de discursos de odio”. Esto implica revisar las palabras, evitar generalizaciones estigmatizantes y rechazar el sensacionalismo que convierte el sufrimiento de las víctimas en un espectáculo mediático.
¡2,1 millones de mensajes de odio!
La necesidad de un periodismo basado en evidencia es urgente para contrarrestar la normalización de la violencia verbal en los entornos digitales. El monitoreo sistemático que lleva a cabo la Organización de Naciones Unidas (ONU) nos da una idea clara de lo que sucede en Costa Rica.
De acuerdo con el último Informe sobre discursos de odio y discriminación 2025 de la ONU, nuestro país registró la cifra récord de más de 2,1 millones de mensajes de odio en redes sociales. Este alarmante dato nos lleva a estas dos consideraciones:
- • El volumen de interacciones cargadas de odio experimentó un crecimiento del 400% desde 2021.
- • Las principales víctimas de agresión identificadas por el estudio son las poblaciones migrantes, la comunidad LGTBIQ+, las mujeres en espacios de decisión y, cada vez más, los propios medios de comunicación y periodistas.
Ambos escenarios preocupan más cuando agregamos que, según la II Encuesta Proledi-UCR 2024, el 65,2% de la población considera que la libertad de expresión está en peligro y solo el 35,6% confía en los medios de comunicación.
Frente a esta ola, la prensa no puede limitarse a reportar las cifras de manera aislada. Como respuesta a esta tendencia, diversas organizaciones y medios del país presentaron en octubre de 2025 el Acuerdo nacional contra la desinformación y el odio. El documento establece, en el marco del pasado proceso electoral de 2026, principios ineludibles para la profesión: rigor informativo, responsabilidad, pluralismo y corrección oportuna, reafirmando que defender la verdad es defender la democracia.
Dada la velocidad de las redes sociales y de mensajería, y la proliferación de la desinformación automatizada, los medios se ven obligados a extremar medidas, cautelas y acciones. El mismo Parlamento Europeo resalta en sus directrices la importancia de la alfabetización digital para combatir la desinformación y el discurso de odio potenciado por algoritmos. Los periodistas debemos aprender a auditar estas plataformas y a no replicar de forma automática los contenidos virales que buscan sembrar división.
Para una respuesta estratégica no basta con desmentir; es necesario construir “contranarrativas”. El Plan de Acción de Rabat de la ONU enfatiza el deber de medios, la sociedad civil y líderes de promover el diálogo para prevenir la incitación al odio. Por lo tanto, la cobertura periodística debe transitar de lo episódico —hablar de una comunidad solo cuando es atacada— a lo temático, integrando la diversidad de una manera natural en la agenda informativa diaria.
Informar sobre un discurso de odio no requiere reproducir textualmente los insultos o consignas del agresor. Por el contrario, el periodismo debe priorizar los hechos verificados, mencionando brevemente la existencia de la retórica hostil sin darle protagonismo visual, y cerrar inmediatamente con datos o contranarrativas que desmonten el prejuicio.
El deber periodístico ante los discursos de odio
El periodismo tiene la tarea de fiscalizar los discursos públicos y contrastarlos con el trabajo de las organizaciones de derechos humanos para visibilizar el daño real que la retórica digital de odio causa en la vida offline. El silencio de los espacios tradicionales favorece a quienes promueven la radicalización.
Frente a ello, la solución radica en el compromiso ético y la solidaridad comunitaria. Como propone la caja de herramientas de la ONU, el objetivo final es romper la cadena de odio mediante una “política de cuidado que implica registrar al otro, no quedarse callado y exponer a quien construye el odio”. Con un periodismo riguroso, empático y valiente, devolveremos el debate público al terreno de la dignidad humana y los derechos fundamentales.
El odio nuestro de cada día
Estas son las tendencias de los discursos de odio en el país, de acuerdo con el Informe sobre discursos de odio y discriminación 2025 de la ONU:
- • El registro superó los 2.1 millones en 2025. Esto representa un aumento del 16% en el último año y del 400% desde 2021.
- • Aumentó en 31% la cantidad de personas con cuentas reales que emiten discursos de odio con un tono más violento y personalizado.
- • Siete de cada 10 mensajes de odio y discriminación son emitidos por hombres.
- • Disminuyeron los ataques xenófobos, racistas, en temas de discapacidad y relacionados a la religión.
- • En el último año, hubo un aumento de 43% de ataques y discursos de odio contra los poderes de la República y las instituciones públicas, aunque debe apuntarse que desde el 2021 estos subieron un 1100%.
- • Las mujeres en espacios de poder, lideresas y defensoras de derechos humanos, son el blanco predilecto para la violencia.
- • Aumentaron en un 344% los ataques hacia personas LGBTIQ+. Se trata del tipo de discriminación con el mayor aumento.
- • Crecieron en un 110% los ataques a periodistas y medios de comunicación.
- • Instagram es la red social con menos odio y discriminación; por su parte X (anteriormente Twitter) lidera la lista.
