
Capítulo 1: Entrevista con Gustavo Gómez, director ejecutivo del Observacom
Control de la información por las grandes plataformas tecnológicas, ¿es el fin del periodismo?
- “Periodistas deben sumarse a la exigencia de transparencia algorítmica”
- América Latina se encuentra en el ‘pelotón’ para comenzar a crear legislación y reglamentos que garanticen transparencia en manejo de datos digitales.
Nunca antes en la historia del país, hubo tanto acceso y pluralidad de información, así como tantas posibilidades para la generación y distribución de noticias. En la versión más actualizada del directorio online de medios de comunicación, desarrollado por Punto y Aparte (PyA), en Costa Rica hay 176 medios de comunicación adscritos y la lista puede crecer.
Mucho escuchamos sobre los algoritmos y estrategias de mercadeo digital que diariamente los periodistas y editores de noticias, emplean para generar visitación, interacción o alcance con la información que se publica.
A ciencia cierta, la población, medios y periodistas carecen de transparencia sobre cómo funcionan esos modelos, que se encargan de posicionar y distribuir las publicaciones.
La difusión de los contenidos periodísticos a través de motores de búsqueda, modelos de inteligencia artificial (IA) y redes sociales plantean un nuevo desafío: ¿quién controla lo que se difunde y bajo cuáles reglas?
Gustavo Gómez, director ejecutivo del Observatorio Latinoamericano de Regulación, Medios y Convergencia (Observacom), brindó una amplia entrevista para hablar de las amenazas, riesgos y oportunidades que plantea el control de la información a través de grandes empresas de tecnología. Léala completa aquí:
¿Las plataformas de redes sociales, motores de búsqueda de internet y empresas de inteligencia artificial son actores de riesgo sistémico para la democracia, libertad de expresión y el periodismo en sí?
La respuesta inmediata es: sí.
Hay un montón de aportes positivos de esas empresas, que construyeron plataformas que permiten revisar un montón de tareas y de funciones que refuerzan la democracia, el ejercicio del periodismo o que pueden significar la expresión de ejercicios de derechos.
Pero es su forma de ver el mundo, su interés por el lucro excesivo, en un contexto de muy fuerte concentración en pocas empresas muy poderosas, lo que las ha transformado en un riesgo para la democracia, para los derechos de las personas y para el periodismo y los medios de comunicación. No es porque existan, sino en el cómo se han desarrollado.
“El poder hoy está en que nos vean, no en producir contenidos. Sino que eso circule para que le llegue al resto”.
¿Cuál es su opinión con respecto al “poder de decisión” que hoy tienen las plataformas de tecnología para indicar, a través de algoritmos, cuándo sí y cuándo no la información noticiosa debe llegar a más o menos usuarios digitales?
La situación es paradójica porque internet vino a democratizar la posibilidad de producir contenidos y eliminar obstáculos para expresarse, porque ahora no hay que pedir una licencia del Estado para tener una radio o una televisora. Alcanza con tener conectividad, una computadora, manejar algún “programita” y uno no tiene inconveniente para expresarse.
Sean resultados de búsqueda, sea el ordenamiento del feed de una red social o lo que nos recomiendan o lo que no. Hoy ese es el poder de decisión.
Las grandes empresas, no escriben los posteos, pero nos invisibilizan algunos y nos amplifican otros por decisiones privadas y, en general, por razones económicas, porque ahora estas plataformas han comenzado a tomar decisiones políticas.
“Los periodistas deben sumarse a la exigencia de transparencia algorítmica”.
La Red Europea de Normas de Verificación, publicó un informe que reveló que después de las elecciones del 2025 en Estados Unidos empresas como META, Google, Linkedin, Bing… redujeron su compromiso para combatir la desinformación en internet ¿Por qué considera que en la mayoría de América Latina el tema de la transparencia algorítmica, publicidad dirigida, recopilación y manejo de datos no se discuten como actores de factores de riesgo sistémico para la democracia?
Por parte de las principales plataformas digitales ha habido un cambio muy importante a partir de enero de 2025, coincidiendo con la llegada de Donald Trump al poder.
Comenzaron a reducir su, ya opaco y limitado, compromiso con la libertad de expresión y la desinformación.
Hemos comprobado esa reducción del compromiso a favor de la integridad de la información, (…) no es solamente en Estados Unidos, eso es en toda América Latina.
La cuestión de la transparencia algorítmica está relacionada con eso. Sea porque hagan algo, o porque no lo hagan.
Tomando en cuenta esa capacidad de decisión que tienen. Al menos como mínimo, deberíamos conocer lo que hacen: ¿cuáles son los criterios, cómo alimentan esos algoritmos?, ¿cómo la IA toma decisiones que luego van a impactar en derechos humanos y en el debate público en periodos electorales?
Es una discusión todavía limitada, pero creciente en América Latina. Cada vez más el tema de la transparencia algorítmica, el saber cómo funcionan esos mecanismos de decisión de circulación de contenidos.
Comparado con Europa estamos atrasados. Pero yo soy bastante optimista que cada vez más organismos reguladores, autoridades electorales e incluso algunos gobiernos comienzan a colocar el foco en por lo menos, y es un mínimo, a obligar a las empresas a ser transparentes respecto a su algoritmo.
“Hay un tema de técnicas legislativas y no estoy seguro que la única solución sea una sola ley enorme que reúna todos los temas que estamos hablando”.
Cuando una publicación en redes sociales, por ejemplo, no posee interacción relevante en un corto tiempo determinado, simplemente desaparece del debate público digital. ¿Eso convierte a los algoritmos en nuevos editores invisibles?
Hay alguna manera de intermediación. No sé si llamarlos editores o mucho menos editores periodísticos.
Cuidado con decir que estos son medios de comunicación o que tienen libertad editorial para tomar decisiones, porque están buscando, nuevamente, impunidad.
Pueden decir: “bueno, en realidad, sí tomo decisiones sobre circulación para ver primero un medio y otro no, pero es mi ejercicio de libertad de expresión y hago lo que quiero”.
Utilizarían un principio muy caro para nosotros, los que trabajamos en libertad de expresión, para poder ser impunes respecto a decisiones que toman estas empresas (…) que inciden negativamente en la democracia.
“Pongamos el énfasis en los derechos. Por un lado, es un límite, pero por otro lado es para garantizar el derecho que tiene la población a tener información relevante respecto a actuaciones privadas”.
La 3era Encuesta Nacional sobre Libertad de Expresión y Confianza en Medios de Comunicación, reveló que en Costa Rica el 72% de su población mayor de edad utiliza las redes sociales como principal fuente de información. ¿Cuáles retos plantea este nuevo hábito de consumo de información de cara a la estrategia y táctica de información de los medios de comunicación?
Están jodidos, digamos -con sonrisa irónica-, los medios de comunicación.
Una salvedad metodológica para este tipo de estudios, que digo y creo que son ciertos, inverosímiles, sin conocerlos; que lo que indican es en qué pantalla se consumen, pero no quién es el productor de la información.
No hay que confundir la plataforma del soporte donde se lea la noticia, con cuál es la fuente de información. Con esto no estoy asegurando nada.
Pero tal vez la gente se informe cada vez más en Facebook, pero leyendo medios tradicionales, que ahora pasaron a tener cuentas en Facebook.
Lo cierto es que los medios de comunicación lo que han hecho es crear cuentas en Facebook, porque lo cierto es que la gente usa el celular como soporte y Facebook como plataforma para acceder a noticias.
Lo que han hecho los medios es tener una estrategia multiplataforma. Donde los mismos contenidos los vehiculiza en distintas plataformas, buscando que el cambio de consumo de la población les permita llegar a ellos.
Los medios han hecho ese esfuerzo de llegar a los lugares donde la gente consume información, pero nos volvemos a encontrar con el tema que no alcanza con publicar en Facebook, si nadie le muestra al lector esa cuenta. De nuevo está el asunto de la circulación.
¿Jodidos por qué? Porque las empresas de medios han hecho esfuerzo por tener multiplataformas, gastando más plata, los periodistas trabajando más con el mismo sueldo para producir varios formatos y finalmente eso no redunda en mayor visibilidad, necesariamente; y mucho menos en monetizar.
¿Cómo deben estructurar su pensamiento los periodistas para que la estrategia de difundir información no dependa de interacción, alcances o titulares tendenciosos que buscan generar el click más allá de informar?
No va a alcanzar con lo que puedan refundarse los periodistas. Te lo digo sinceramente. Yo creo que es poner demasiada responsabilidad a los periodistas.
La asimetría de poder es tan impresionantemente desfavorable para los periodistas que hagan lo que hagan, maravillas, el peso de estas empresas es tan fuerte que acá lo que tienen que hacer los periodistas es juntarse y lograr que estas plataformas, que están llevándose el dinero para afuera vaciando el periodismo, vaciando los medios, se les quite plata para financiar proyectos de fomento al periodismo, fondos para sostenibilidad de medios.
Es algo que va a lo sistémico, en sentido estructural.
Sigue siendo necesario que mantengamos un periodismo fuerte.
En todo este marco de desinformación la apuesta sigue siendo el periodismo de calidad, un periodismo cercano a la gente, sigue siendo un periodismo personalizado. La gente necesita esa alternativa. No están haciendo mal eso.
El problema es que la estructura concentrada de unas pocas empresas que definen lo que hemos hablado desde el principio, en general alienta al sensacionalismo, a la polarización, al lío y no al profesionalismo ni a las noticias serias; es un problema sistémico.
Cuando hablamos de transparencia algorítmica los periodistas también deben sumarse a la exigencia. Necesitamos saber cómo hacen estas empresas para ordenar los contenidos periodísticos.
Actualmente en la corriente legislativa de Costa Rica existen proyectos de ley que buscan prohibir el uso de redes sociales a menores de 14 años, incentivar y regular el uso de plataformas de blockchain o inteligencia artificial. Pero de forma concreta no hay una discusión seria y formal que plantee obligaciones en temas de transparencia algorítmica, regulaciones específicas contra las desinformaciones, acceso a datos de plataformas para investigación pública. ¿Está agarrándole tarde a Costa Rica para comenzar a crear marcos legales de esta índole?
No tan tarde, salvo Brasil, el resto de América Latina estamos todos tarde. Estamos en el pelotón, si fuese una carrera ciclística en la ruta.
El malla oro, el que va más adelante, es Brasil, el resto estamos bastante mal, algunos más mal y otros menos mal, pero mal. Costa Rica en ese sentido no es la excepción.
Hay discusiones como fragmentadas. De todas maneras, no lo veo mal en la medida que podamos seguir conversando. Porque ahí hay un tema de técnicas legislativas y no estoy seguro que la única solución sea una sola ley enorme que reúna todos los temas que estamos hablando.
Según el país puede haber avances parciales a través de leyes distintas. Por ejemplo, (en Costa Rica) en el proyecto de ley sobre el tema niñez se ha centrado mucho en la difusión de la prohibición del acceso; también hay cosas que tienen que ver con la transparencia algorítmica.
Lo que estamos viendo en la región es una fragmentación de los esfuerzos por regular a las plataformas, con temas que se repiten.
Hay ahora en América Latina una ley modelo sobre violencia digital contra mujeres, así como hay discusión sobre niñez.
Si mirás adentro de esos proyectos, aunque son de temas distintos, tienen artículos que incluyen esta discusión que estamos planteando nosotros respecto a transparencia algorítmica, riesgos sistémicos, protección de derechos y posibilidad de denunciar violación de derechos.
¿Cuál es la lista de exigencias que deberían pedírsele a las grandes empresas tecnológicas?
Es importante que haya obligaciones de transparencia respecto a quiénes ponen plata para tales anuncios políticos, cuánta plata pusieron, cuál fue la población objetivo que eligieron y a cuánta gente llegaron. Esa transparencia es muy importante porque, entre otras cosas, la desinformación, sobre todo la que logra escala, no es producto de una exitosa persona aislada, sino que detrás de eso hay mucho dinero.
Entonces la transparencia sobre anuncios políticos permitiría a las autoridades competentes seguir el rastro del dinero para encontrar quién estuvo detrás de esa campaña de desinformación que recibió dinero para ser amplificada.
Te resumo algunos de los checklist que deberían tener nuestros países cuando arman una ley para ponerle límite a las plataformas: transparencia en normas comunitarias y términos de servicio, rendición de cuentas sobre lo que hicieron, transparencia algorítmica y transparencia sobre anuncios políticos.
En este caso pongamos el énfasis en los derechos. Por un lado, es un límite, pero por otro lado es para garantizar el derecho que tiene la población a contar con información relevante respecto a actuaciones privadas muy potentes que pueden incidir en nuestros derechos y nuestra democracia.
¿El control de la información por las grandes plataformas tecnológicas es el fin del periodismo, o una última oportunidad para reinventarlo?
No reinventar, sino recuperar lo que ha hecho siempre el periodismo, que tal vez se perdió en esta lógica del clickbait.
Para mí está claro que esa es una tensión. Hay una asimetría enorme, hay una gran dificultad para ejercer nuestros derechos de libertad de expresión a través del periodismo para informar a la población, producto de estos grandes gigantes.
Que además afectan nuestra sostenibilidad. No afectan directamente los contenidos, podemos seguir publicando lo que queramos, pero se quedan con toda la plata y, con ello, no podemos seguir trabajando.
Sí creo que hay una oportunidad, porque el deterioro es tan fuerte que: o la gente empieza a seguir cada vez cosas peores o se agarra de las cosas buenas que todavía van quedando.
Y en un escenario de desinformación tan brutal como el que tenemos, de detrimento incluso de la política, es una oportunidad para los medios y los periodistas de recuperar ese centro de referencia, recuperar la confianza y la credibilidad de la población.
No sé si es reinventar o volver a las fuentes, pero sí recuperar la credibilidad.
Ese es el desafío, porque hay un montón de personas necesitando un palo del cual agarrarse en un tiempo de tanto caos y confusión.
Hoy, desde su criterio: ¿quién tiene más poder sobre la conversación pública: los medios, el gobierno o los algoritmos de Meta y Google?
En lo que hoy son las nuevas plazas públicas de debate, no en todo el resto, pero ahí sí hay cuatro o cinco empresas que son las que tienen el poder.
Después hay gobiernos y políticos que, entendiendo el funcionamiento de esas plataformas, también ejercen poder a través de esos espacios públicos, incluso mediante la regulación. Es decir, hay, en ciertos aspectos, un poder compartido.
Eso es lo que hace más difícil el trabajo para quienes defendemos la libertad de expresión en América Latina.
Antes era muy simple defender la libertad de expresión porque el enemigo eran los gobiernos autoritarios; hoy tenemos que seguir peleando contra los gobiernos autoritarios que avasallan la libertad de prensa y de expresión, pero ahora nos aparecieron unos conglomerados empresariales privados que también violan la libertad de prensa y de expresión.
No termino muy esperanzador, pero te lo digo con todas las ganas de dar esa pelea, porque esa es la realidad que nos tocó.
